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Pastores: Tito y Delmy Escalante

Visión

"Ser una congregación de gente sana y libre que bendice a sus miembros y amigos con el Evangelio de Jesucristo en un ambiente de amor, respeto y aceptación"

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Ministerio pastoral

Desde el punto de vista ministerial, debido a que en la labor pastoral debemos realizar una muy variada cantidad de funciones; somos maestros, predicadores, pastores y oficiantes de sacramentos entre muchas otras cosas. Se hace necesario reinventar continuamente la labor que realizamos y abordar con seriedad los problemas propios del ministerio.

Y uno de los problemas que ponen en peligro nuestro oficio, es el no ser sensibles a las verdaderas necesidades de aquellos a los que decimos servir, ya que muchas veces les atendemos partiendo desde nuestra propia visión de las cosas y de la vida, lo que vuelve nuestra labor ineficaz. Por lo que considero de mucho valor la necesidad de reflexionar sobre la manera en la que realizamos nuestra labor pastoral.

Un ministerio creativo es aquel que se desarrolla en función de las verdaderas necesidades de la grey. Por lo que demanda negación y autohumillación. El ministerio creativo deber tener a la base estos dos componentes.

Negación

Algunas veces las motivaciones que hacen a una persona involucrarse en el ministerio pastoral pueden ser santas, espirituales y nobles. Sin embargo pudieran también ser ocultas, maquiavélicas y perversas, lo que llevaría al ministerio de esta persona a llegar a un destino muy diferente del trazado por Dios en el perfil que del ministerio ha definido.

La negación se hace necesaria al momento de embarcarse en la misión ministerial, porque lo que hacemos no se trata de nosotros, no es la gloria propia la que buscamos, no perseguimos sobresalir, no somos motivados por el ego a hacer las cosas que hacemos en el ministerio. Dios nos envía a cuidar sus rebaños, nuestro oficio encuentra la razón de ser en la gente a la que servimos.

Esto demanda negación y renuncia, hace necesario que nos despojemos de nuestros sueños personales y de nuestros objetivos egocéntricos, es negarnos a nosotros mismos, es vivir para Dios sirviéndole a la gente, interesándonos genuinamente por sus necesidades, sus frustraciones, sus pesadillas y sus sufrientes realidades.

No se trata de demostrar que tanto sabemos; sino cómo, lo que sabemos puede mejorar su calidad de vida. No debemos usar nuestras posiciones para utilizar a la gente como plataforma que catapulta y lanza al estrellato. Son ellos la razón de nuestros ministerios, son ellos los actores principales, nuestro papel es estar detrás de los telones asegurándonos de su éxito.

Es trágico cuando nuestra enseñanza no libera, sino que oprime, cuando todo lo que deseamos es hacer ver ignorante al que ocupa la función de estudiante, es lamentable caer en tanta arrogancia de cerrarnos a la posibilidad de intercambiar experiencias con nuestra gente y aprender de la sabiduría de los ancianos, de la sencillez de los niños, del silencio de la creación.

Es necesario que los que llevamos el nombre de ministros hagamos un acto continuo de negación, de renuncia urgente a la tendencia megalomaniaca vigente en nuestros púlpitos hoy en día. Debemos negarnos a la creencia que el éxito ministerial se mide por la cantidad de dinero que obtenemos de nuestro ministerio, la cantidad de personas que se agolpan a escucharnos, la residencial donde vivimos y la marca del auto que conducimos.

El éxito del ministerio pastoral debe medirse por la mejoría de la calidad de vida que han logrado alcanzar sus ovejas, por la felicidad y la realización que experimentan sus congregaciones, por el grado en que el pastor se da por los suyos, por la entrega y por la vida que esta compartiendo con los corderitos del Señor.

Autohumillación

El mayor ejemplo de autohumillación lo encontramos en el Príncipe de los pastores, no hay ministerio sino estamos dispuestos a descender a mismo nivel de la personas a la que pretendemos servirle. No podemos pretender servir si esperamos ser vistos hacia arriba.

En cuanto a la prédica, nos suele suceder que elegimos temas que para nosotros son de mucho valor teológico o filosófico, pero que para el oyente común que ocupa nuestras bancas o sillas cada domingo no tiene ninguna utilidad.

Debemos decender y abordar los temas que para ellos son importantes, pertinentes y necesarios. Si deseamos ayudar al caminante en su transitar por este mundo, no lo podemos hacer desde la comodidad de nuestro automóvil con aire acondicionado; debemos bajarnos y caminar empolvándonos los pies con la gente.

La autohumillación debe manifestar en el intercambio de vida, reconocer que no estamos sirviendo solamente para dar, reconocer que siempre mientras damos; somos nosotros los que más recibirnos, que el ministerio no es una demostración de grandeza; sino un dar y recibir. Que cuando creíamos que íbamos a enseñar, salimos aprendiendo.