ANTIGUA CALLE A TONACATEPEQUE, URBANIZACION LAS MARGARITAS, FRENTE A BODEGAS DE FABRICA IMSA, 300 METROS AL NORTE DE UNICENTRO SOYAPANGO, SAN SALVADOR, EL SALVADOR, CENTROAMERICA




Pastores: Tito y Delmy Escalante

Visión

"Ser una congregación de gente sana y libre que bendice a sus miembros y amigos con el Evangelio de Jesucristo en un ambiente de amor, respeto y aceptación"

martes, 7 de septiembre de 2010

Jesús el profeta

El ministerio profético surge de manera no institucional, a diferencia de los sacerdotes que recibían el nombramiento de parte de la institución sacerdotal. Es decir que a los profetas nadie los nombraba, simplemente surgían por la orden directa del Señor, casi nunca provenían de ninguna familia sacerdotal, no tenían que llenar prerrequisitos familiares. Sencillamente la voz del Señor venía a ellos y no podían callar.
Frente a la decadencia de la labor sacerdotal, Dios levanta una nueva voz; que no ha vendido su alma al soborno y los lujos. Es una voz cuyo sonido penetra los intestinos de quienes la escuchan; hay algo en esta persona, que hace que se le ame o se le aborrezca al punto de buscar su muerte. No tiene compromisos con nadie ecepto el Señor, rompe con los paradigmas del formalismo religioso, al grado de hacer representaciones que pueden lindar con lo grotesco, lo incomprensible y lo irracional. Todo esto con tal de transmitir el sagrado mensaje del Eterno.
Cuando hablamos de Jesús como profeta en primer lugar debemos saber que no tiene compromisos con nadie, en segundo lugar, que la hipocresía de la clase sacerdotal ha de sentirse incomoda con esta nueva voz profética. Su labor no se desarrollará en el Templo, por el contrario su profetismo tendrá lugar entre aquellos que no son aceptos en el Templo. Es el profeta de Dios que viene por las ovejas extraviadas, por la oveja número cien; que muy probablemente sea la oveja negra, la despreciada, la marginada, la que no tenía atractivo alguno, la que no tenía nada que pudiese trasquilarse.
Jesús es el Verbo de Dios, él es la Voz de Dios, es la Palabra de Dios encarnada, su naturaleza es materializar la voluntad de YHWH. No viene a ser servido, sino a llevar su servicio al máximo; es el profeta de los pobres, de los enfermos, de los atormentados, de los huérfanos y las viudas, de los irrelevantes, los olvidados. De todos aquellos a quienes nadie les quiere servir. A estos viene a visitar el profeta Jesús, para traerles la voz del Señor, la voz de esperanza.
Para los desposeídos el profeta Jesús es el rocío refrescante que desciende en el momento de mayor calor y sed. Es el profeta que trae la palabra de Dios que no vuelve vacía. Es la Palabra en persona, es voz de Dios en medio de los hombres.
Ni la Mishná, ni el Talmud con todas sus notas explicatorias e interpretaciones autenticas, había logrado traer esperanza y la tan anhelada comunión con el Eterno a esta capa de la sociedad hebrea, ni la religión judía institucionalizada con todos sus ritos y leyes habían traído liberación a este sufrido pueblo. El sacerdocio y los Saduceos se habían vendido a Roma, el Templo era un mercado de la fe donde se ofrecían sacrificios sin corazón ni sentimiento. Los fariseos cayeron en el extremismo ritual y los Esenios se divorciaron del mundo real.
Sin embargo el pueblo “común” sigue como ovejas sin un pastor que le cuide, le alimente y le cure sus heridas. Es frente a esta realidad que se escucha una voz de esperanza, una voz que trae nuevos valores, que viene a poner en orden las cosas, es la voz de Dios que surge de una pequeña población que no tiene mayor valor ni religioso, ni mucho menos económico. Es el hombre Jesús que trae la interpretación autentica del espíritu de la Palabra de YHWH, y con la fórmula “oíste que fue dicho ……… más yo os digo” Jesús hace accesible a los indoctos la Palabra del Señor.
Es el profeta de los pobres; pero también de los ricos, los publicanos, los pecadores, los niños, las mujeres, los leprosos y los ladrones. Esto rompe con los paradigmas religiosos, es un profeta que no busaca la fama, no le interesa la cantidad de la multitud de sus seguidores, no busca favores personales. No duerme entre las sedosas sábanas de las habitaciones del Templo, no tiene sirvientes; más bien tiene multitudes a las que debe servirles, enfermos que necesitan salud, desesperanzados que necesitan una razón para vivir. Es el profeta que camina entre el pueblo.
La pregunta es ¿habrá alguien que desee identificarse con el profeta Jesús? Y más aún ¿Serán seguidores de Jesús los religiosos de esta época? Y por último ¿Buscaremos el favor de Dios o el de los hombres los predicadores de este tiempo?