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Pastores: Tito y Delmy Escalante

Visión

"Ser una congregación de gente sana y libre que bendice a sus miembros y amigos con el Evangelio de Jesucristo en un ambiente de amor, respeto y aceptación"

domingo, 4 de diciembre de 2011

Dualismo evangélico

Aunque el dualismo tiene como precedente el platonismo, en el mundo cristiano es el monje africano, Agustín de Hipona, quien mayor influencia ha tenido debido a sus reflexiones teológicas basadas en la admiración que le profesaba en la práctica a Platón. El problema es que cuando se divide el mundo entre lo bueno y lo malo asignándole el estigma de maldad a lo material y reduciendo la bondad a lo espiritual, la práctica religiosa tiende a desencarnar la experiencia espiritual y a tener una compresión del ser humano que se aleja de la integralidad propia de su naturaleza ontológica.

En América Latina se ha predicado por más de cien años un evangelio con una antropología platónica. Donde el alma es prisionera de un cuerpo malo, del que un día será liberado en el “rapto de la iglesia”. Esta antropología atrofiada ha generado un cristianismo dualista, pues ha producido un desprecio por el cuerpo físico y las cosas creadas dentro del plano material.

Esto se refleja en la práctica de algunas de las disciplinas espirituales tales como el ayuno, que por muchas congregaciones ha sido considerado un sacrificio y castigo al cuerpo, creyendo que con la abstinencia de los alimentos se está sometiendo este cuerpo pecaminoso (hablando del cuerpo físico) a la obediencia a Dios, ignorando lo que el Apóstol Pablo explica en Colosenses 2:23 “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Biblia, RV1960). Además del ayuno, también la práctica de la vigilia está ligada a la idea de martirio físico. En muchas tradiciones evangélicas si una persona asiste a una vigilia no debe dormir durante el día siguiente, pues estaría echando a perder la vigilia; es decir que debe continuar en sacrificio.

La influencia del dualismo se evidencia además en el cuidado de la salud física y el interés en por el desarrollo humano. Se nos enseñó que lo más importante es el alma y que salvándose esta, no importa si el cuerpo se destruye o desmejora. Esta comprensión del mundo ha llevado a que muchos fieles tengan que ver cara a cara al Señor de manera prematura. Se nos predicó en contra del uso del sistema de salud, los médicos y los medicamentos. En ocasiones ridiculizando al sistema de salud y a aquellos que acuden a buscar ayuda, acusándoles de ser personas carnales y faltas de fe.

Debido a todo esto el evangelio que se ha predicado ha tenido un efecto deshumanizador en los fieles, no se ha visto al ser humano como persona integral; sino como alma que hay que salvar. La soteriología que se ha desarrollado olvida la comprensión hebrea del ser humano como persona integral que tiene necesidades físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Alejándose del modelo de Jesús quien mostró gran interés en las necesidades humanas de una manera integral y contribuyó a la solución de los problemas que las personas con las que se encontró sufrían. Por ejemplo el caso de Bartimeo narrado por Marcos en su capítulo 10:46-52: “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino” (Biblia Reina Valera 1960)

Cualquier religioso hubiera pasado de largo, pero no Jesús; él se detuvo, le dio valor al clamor de aquél desafortunado, lo mandó llamar y le animó con palabras de amor. Pero no se quedó allí, fue más allá y le preguntó lo que deseaba, a lo que Bartimeo respondió “que recobre la vista”. Este es Jesús y así es su evangelio, es mucho más que palabras, no era solamente importante el alma de Bartimeo, sino toda su vida. La salvación es la transformación de la realidad humana en todas sus dimensiones como resultado del poder de Dios. Los casos en los cuáles Jesús cambió la realidad integral de las personas que tuvieron la fortuna de encontrarse con él, son abundantes. Y van desde la curación de una fiebre,[1] continuando con sanidades de lepra,[2] liberación de espíritus atormentadores,[3] pescas milagrosas[4] hasta llegar a la resurrección de personas que habían muerto.[5]



[1] Marcos 1:30-31

[2] Lucas 17:12-14

[3] Lucas 6:17-19

[4] Lucas 5:5-6

[5] Lucas 7:11-15

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